TRANSICIÓN Y
RECONSTRUCCIÓN DEL REGISTRO ELECTORAL
Venezuela atraviesa actualmente un escenario de altísima
complejidad política y social derivado de decisiones externas que han intentado
maquillar la continuidad del régimen actual bajo el falso ropaje de una
transición democrática. Esta fachada, es impulsada en gran medida por una
supuesta apertura económica motivada por claros intereses energéticos
internacionales, todo contrasta profundamente con la realidad interna de la
ciudadanía que rechaza categóricamente a las autoridades vigentes y que se moviliza
con fuerza en las calles reclamando sus derechos, la libertad de sus presos
políticos y, están exigiendo una política salarial justa, la salida del régimen
corrupto y elecciones de manera inmediata.
La realidad es cruda, la estabilidad del hemisferio depende
del flujo energético, y las potencias globales buscan un interlocutor
confiable. Para la administración estadounidense, la crisis venezolana
representa un desafío estratégico que va más allá de la retórica democrática;
es un asunto de seguridad nacional y control de recursos en el patio trasero de
Occidente. Ante este escenario, la
complacencia o el escepticismo pasivo equivale a la rendición. No podemos quedarnos
de brazos cruzados esperando que una solución foránea reescriba nuestro destino
por conveniencia energética; la verdadera transición no se negocia en despachos
extranjeros, se conquista con presión cívica organizada y sin fisuras. Es el momento de activar la red de
voluntarios, de arrebatarle el monopolio de los datos a la tiranía a través del
nuevo sistema electoral, su operación y auditoría digital. Es imprescindible
que ante el punto de ruptura constitucional el 3 de julio de este año se
instale un gobierno de transición en manos de quien fue electo en el mismo mes
del año 2024. Este gobierno garantizará la apertura a la democracia mediante la
organización de elecciones justas y claras y, al mismo tiempo, gobernada por un
Consejo de Gobierno de privilegiados venezolanos de origen absolutamente
competentes, plurales y honorables para conducir al país por el camino
democrático.
Para canalizar de forma pacífica y efectiva el descontento
social acumulado por la crisis de los ingresos familiares y la represión
continua, resulta imperativo activar una ruta electoral reestructurada para
lograr la legitimidad institucional y la recuperación de la confianza de un
pueblo escéptico el cual no admite atajos de dudosa credibilidad; requiere la
edificación de un sistema electoral transparente que devuelva la soberanía al
ciudadano común.
Dentro de esta urgente reestructuración, el pilar
fundamental e ineludible es la reconstrucción total del Registro Electoral, el
cual ha operado desde el año 2003 como fuente principal de desconfianza y de la
base técnica del fraude sistemático en el país. Las irregularidades acumuladas
por décadas rompieron por completo la estructura demográfica nacional mediante
la inclusión de votantes artificiales, ciudadanos fallecidos que votan,
identidades multiplicadas y, la asignación irregular de cédulas a ciudadanos
extranjeros. El reto logístico es monumental: existen al menos seis millones de
venezolanos en edad de votar que no están inscritos en el padrón, sumados a una
diáspora de entre cuatro y cinco millones de personas votantes en el exterior
que requieren reubicación urgente y asegurar el ejercicio y derecho a votar.
Abordar este desafío requiere una metodología científica, probada y audaz que
permita limpiar las bases de datos y garantizar que cada voto corresponda
estrictamente a un ciudadano real.
Recientemente, las fuerzas democráticas han tomado
iniciativas loables para dar solución a este problema mediante una metodología
digital clara y validada. Este esquema propone la creación de una plataforma
tecnológica que cruce una base de datos de 32 millones de ciudadanos cedulados
con demostraciones de identidad real, apoyada para su ejecución por una red de
más de 150.000 voluntarios y el uso de herramientas avanzadas de reconocimiento
facial y pruebas de vida mediante herramientas digitales. No obstante, por
obvias implicaciones políticas y para resguardar la neutralidad del proceso, la
ejecución formal de esta depuración no puede quedar en manos de una
organización partidista.
Es indispensable el nombramiento urgente de un nuevo Consejo
Nacional Electoral (CNE) armónico y representativo, que adopte formalmente
estos aportes académicos y técnicos para diseñar un cronograma y sistema
electoral realista. Las estimaciones técnicas indican que se requerirían entre
cuatro y cinco meses para acordar los lapsos iniciales, y un mínimo de diez
meses adicionales para la ejecución logística, proyectando el horizonte de los
comicios hacia el último tramo del año 2027. Ese lapso de tiempo debe
necesariamente ser conducido por un gobierno de transición y no por grupos con
antecedentes arraigados en las esferas
del poder.
Para garantizar el éxito y blindar la legitimidad de este
proceso, la propuesta plantea un modelo de votación manual y descentralizado,
prescindiendo por completo de las máquinas de votación electrónica para reducir
la vulnerabilidad informática. El escrutinio físico se complementará con una
transmisión digital inmediata, el escaneo de las actas físicas en presencia de
testigos y su envío simultáneo al CNE, partidos políticos, medios de
comunicación, universidades y organizaciones no gubernamentales. Asimismo, se
contempla la separación de los comicios en dos etapas (nacionales y regionales)
para simplificar la logística, junto con el establecimiento de centros de
votación independientes en el exterior fuera de las sedes consulares
tradicionales. Todo este andamiaje civil debe complementarse con una
redefinición del rol de las Fuerzas Armadas imitando su actuación estrictamente
a la custodia perimetral de los centros y garantizando la soberanía de los
ciudadanos en la mesa de votación.
Al demostrar de forma técnica e irrefutable que el registro
actual es inviable y que, reconstruyéndose eficazmente, el país podrá
presentarse ante la comunidad internacional, y aliados estratégicos como un
socio confiable, asegurando una transición pacífica que impida de forma
definitiva la perpetuación del modelo político actual. La intervención de la
Casa Blanca bajo el modelo de las "tres patas" —oficialismo,
oposición y Washington— es indispensable para demostrar que el sistema actual
es una farsa matemática insostenible donde la verdad técnica se convierte así
en nuestra mejor arma política. El corazón del fraude que sostiene la tiranía
no reside en las sombras, sino en el Registro Electoral. Limpiar este padrón es
el primer paso para recuperar la credibilidad en el sistema democrático. La
propuesta de una plataforma digital es un acto de fe y resistencia civil
operado por miles de voluntarios empeñados en rescatar la verdad y
consecuentemente la democracia.
La libertad de Venezuela no vendrá como un regalo técnico ,ni
como una concesión diplomática: la libertad se impone en la mesa de votación,
contando acta por acta de forma manual frente a los ojos del mundo, blindemos
el voto y recuperemos la república en un entorno de libertad ciudadana.
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