REINVENCION DE LOS PARTIDOS
LA NECESARIA REINVENCIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS
Basados en el análisis realizado por un grupo de
personalidades expertas en ciencias políticas, hemos identificado la
incapacidad demostrada por los partidos políticos en Venezuela para enfrentar
su progresivo deterioro. Sus estructuras fundamentales se encuentran afectadas
por la pérdida de respaldo ciudadano y debilitadas por las actuaciones de una
dirigencia cuyas acciones condujeron al abandono de la militancia, así como por
factores políticos que contribuyeron a su fragmentación en diversos segmentos. Estos
elementos provocaron un divorcio con la representación de las bases y con los
fundamentos filosóficos de su misión y visión.
Como consecuencia, se generaron micropartidos con
severas limitaciones estructurales, jurídicamente írritos, que incluso
asumieron acciones señaladas como colaboracionismo con el régimen. Esto
constituye una de las causas centrales de la crisis democrática y del
“suicidio” de su legado histórico frente al ataque institucional promovido por
un gobierno ilegítimo. Ante este panorama, y como contribución a la
estabilización y recuperación de la democracia, surge la necesidad
impostergable de reinventarse como partidos modernos, actualizados y
funcionales, capaces de proyectarse en beneficio de la democracia, de la
comunidad venezolana y de sus instituciones.
La reinvención no es una
opción, sino una condición de supervivencia para preservar la democracia, la
misión original de los partidos y el desarrollo del país, que aspira a
constituirse como la base de una democracia estable y funcional. Esta propuesta
condensa las opiniones de los autores en tres ejes fundamentales de acción
1. Recuperación de la doctrina y la democracia interna
La crisis de credibilidad comienza dentro de las
propias organizaciones. La reinvención exige un retorno a la transparencia y a
la adhesión irrestricta a los principios democráticos, respetando
escrupulosamente los derechos fundamentales de militantes y simpatizantes, y
estableciendo procedimientos democráticos internos, con elecciones primarias
innegociables. A tal efecto, es necesario instaurar, con carácter vinculante,
primarias abiertas y transparentes para la elección de todos los cargos de
dirección, así como para la selección de candidatos a cargos públicos.
2. Ética y servicio
El poder recibido y delegado a los dirigentes debe
ejercerse exclusivamente para servir al pueblo, administrar con transparencia y
equidad, y rechazar prácticas que generen odio o socaven la democracia. Se debe
adoptar un Código de Ética que incluya mecanismos de rendición de cuentas
—financieras y de gestión—, sea incompatible con la corrupción y el
caudillismo, y sancione la reelección indefinida en los cargos de dirección.
3. Formación ideológica y participación ciudadana
Es indispensable recuperar el norte perdido,
comprendiendo la obra democratizadora histórica de los partidos y su papel en
el siglo XXI. Ello implica revisar y actualizar la plataforma ideológica,
definiendo posturas claras frente a los desafíos contemporáneos
—digitalización, sostenibilidad, crisis migratoria— y trascendiendo la mera
oposición.
La desconexión entre la cúpula partidista y la base social ha permitido que las
redes sociales y la sociedad civil ocupen espacios tradicionalmente reservados
a los partidos democráticos. La nueva democracia debe ser participativa. En
consecuencia, resulta necesario implementar un sistema permanente de asambleas
y consultas con las bases y con la sociedad civil (gremios, universidades,
ONG), transformando al partido en un canal de comunicación de doble vía. La
democracia no se agota en las elecciones, sino que requiere participación
popular constante. Nada debe hacerse “sobre los ciudadanos, sin los
ciudadanos”.
Tomando como referencia estos ejes, deben
estructurarse líneas de acción sustentadas en elementos fundamentales como:
Liderazgo adaptativo: promover
activamente el ingreso —previa formación política y gerencial— y el ascenso de
jóvenes y nuevos liderazgos formados en la visión de servicio público y en la
realidad digital, facilitando la alternabilidad generacional. Los líderes deben
comprender, formarse y manejar la influencia de las nuevas tecnologías.
Financiamiento y ética: transitar
hacia un equilibrio entre financiamiento público y privado, procurando que este
último provenga predominantemente de la militancia. Asimismo, se deben publicar
semestralmente los estados financieros y el origen de los ingresos, manteniendo
la privacidad de los donantes individuales y garantizando que el financiamiento
provenga exclusivamente de la militancia, con apego estricto a principios
éticos.
En el contexto de la demolición institucional que ha
afectado a los partidos políticos venezolanos, su rol estratégico debe
centrarse en la reinvención y en la defensa y reconstrucción del Estado de
Derecho. En este sentido, el diseño de un pacto democrático resulta esencial
para que los partidos sean capaces de concertar acuerdos en defensa de la
democracia construida. La renuncia al pacto condujo al “suicidio” político en
Venezuela. Por ello, es imprescindible priorizar un gran acuerdo nacional para
la defensa y reconstrucción de la institucionalidad democrática, por encima de
cualquier interés partidista particular, manteniendo una oposición lúcida y
dialogante, actuando por vías institucionales y mediante medios pacíficos, con
un compromiso inquebrantable de someterse a la ley y a los procedimientos
democráticos en todas sus etapas, y rechazando cualquier forma de violencia o
atajo inconstitucional para acceder o mantenerse en el poder.
Como partido político, ya sea en el gobierno o en la
oposición, es fundamental comprender que la democracia requiere una oposición
lúcida y dialogante. Para ello, se deben articular propuestas de políticas
públicas creíbles y detalladas, acompañadas de programas de formación política
y de liderazgo que demuestren y fortalezcan la capacidad de gobernanza, en
lugar de limitarse a la propaganda, la denuncia o el arribismo. Esta
preparación es esencial para la transición hacia los nuevos tiempos de un gobierno
democráticamente electo.
La reinvención de los partidos en nuestra nación exige
una transformación moral, ética y funcional de su diseño, de modo que vuelvan a
ser organizaciones de ciudadanos y no estructuras de poder oligárquico. La
tragedia institucional de Venezuela debe servir como espejo en el cual los
partidos se miren para no perder nuevamente el rumbo. Resulta evidente la
necesidad de revisar su misión en asambleas ciudadanas, alineándose con los
partidos democráticos y adaptándose a la mutación necesaria de los nuevos tiempos,
integrando una organización cuyas bases, desarrolladas por sus fundadores, se
traduzcan en estrategias de representación popular y participación ciudadana en
los asuntos públicos, contribuyendo así a la definición de objetivos,
especialmente en materia de políticas públicas.
Los tiempos modernos han modificado la apreciación
inicial de los elementos conceptuales de la misión original de los partidos. Es
necesario revisar la tesis fundamental de estos conceptos, hoy modernizados, y
actualizarlos frente a la globalización, sin abandonar los principios
policlasistas ni los objetivos transformadores de la democracia en el país. Por
tanto, los partidos deben orientar sus principios hacia una apertura ideológica
y política, desprendiéndose de un nacionalismo mal concebido, revisando a fondo
su tesis doctrinaria y promoviendo la instauración de una democracia con
justicia social, así como la exclusión de los militares del manejo de los
cargos públicos y del gobierno civil.
En resumen, la reinvención de los partidos implica
hacer un llamado a simpatizantes, exmilitantes y militantes para organizar la
fuerza local de su entorno, elegir a sus líderes y convocar la revisión de su
tesis política. Asimismo, deben actualizar su postura como partidos
democráticos conforme a la Constitución y las leyes, elegir a sus dirigentes y
participar activamente en la vida pública, colaborando con un gobierno de
transición para canalizar las políticas públicas hacia el desarrollo y la
consolidación de una estructura democrática firme, consistente con los nuevos
tiempos, y contribuir de manera decidida al desarrollo del país y al bienestar
de los venezolanos.
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